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Para los agentes del FBI dedicados a lo extraño no pasa el tiempo, por lo menos en el cómic que los ‘resucita’ para vivir nuevas aventuras. Mulder y Scully, con el mismo rostro pétreo que hace una década,    siguen buscando la verdad en  lugares perdidos de los EE. UU.

Lo bueno de los personajes de cómic es que, con salvadas excepciones, por ellos no pasa el tiempo. Todo lo contrario les pasa a los actores de las ficciones televisivas, a los que ni el bótox mejor dispuesto les libra de hacerse mayorcitos. Por eso siempre produce una extraña sensación ver una serie adaptada al papel, mucho más si esta hace años que pasó a mejor vida. Expediente X regresa ahora en formato gráfico a las librerías, y ahí están Mulder y Scully, los protagonistas de una de las tensiones sexuales no resueltas más largas de la historia.

La ‘resurrección’ que llega por estos lares, editada por Panini, surgió hace un par de años al calor del estreno de la última película dedicada a la serie, un fallido intento de recuperar el mito y, de paso, hacer unas perricas. Al frente de los primeros capítulos de la nueva adaptación gráfica -la primera data de 1995- se colocó Frank Spotnitz, guionista de la serie original. El invento, que se planteó como una temporada ‘perdida’, se aleja de los platillos voladores y recupera las tramas de personajes ‘freaks’ y conspiraciones gubernamentales. Vamos, lo normal de los expedientes X, desde seres que parasitan a humanos para cometer asesinatos hasta chinos que se clonan gracias a la magia negra. La verdad, muy puñetera ella, sigue estando por ahí fuera, siempre en pueblos recónditos y a horas intempestivas.

A pesar de todo, lo que más miedito da es el dibujo, a cargo de Brian Denham, no tanto porque las escenas transcurran en penumbra, sino por la copia casi fotográfica de los caretos de David Duchovny y Gillian Anderson. Aunque tampoco extraña tanto, cuando hace bastante que por las viñetas todavía vemos corretear a otra heroína de culto, la pizpireta Buffy Cazavampiros.